En segundo lugar, se caracteriza por la oración, vida espiritual o unión con Dios, origen y meta de la acción apostólica. La libre iniciativa de Dios no es sólo la base de la vocación y perseverancia en la misión que Dios encomienda a cada persona, sino también el fundamento de toda la labor apostólica que ésta realiza y que tiene como meta llevar a todos los que pueda a la unión personal e íntima con Dios y desde ella a la unidad con toda la humanidad (cfr. LG 1).
La nueva evangelización, y con ella la Fraternidad Verbum Dei, quiere realizar la llamada y el deseo urgente que tiene el mundo de hoy de encontrar a Dios en medio de todas las circunstancias. Se trata de que dejen de hablar los hombres y de dejar a Dios que hable directamente al corazón de la personas (K. Lehmann). ¡Que sea Dios mismo nuestra alegría y nuestro consuelo, el que nos dé una fuerza renovada y nuevo vigor!
La forma de evangelizar es también propia y nueva: La evangelización “clásica” responde en general de una forma indirecta pues normalmente se dirige a grupos, a distintos grados de catequesis, de edad, de estado, etc.; es institucional, pues la llevan a cabo los órganos institucionales de la Iglesia o quienes en ella tienen el mandato de hacerlo; es de índole litúrgico-sacramental fundamentalmente.
La nueva evangelización se diferencia de la anterior en que es directa, ya que prima el apostolado individual, de persona a persona, de testimonio y contagio directo; individual pues la iniciativa viene de cada bautizado consciente de su derecho y deber de evangelizar; rasgo fundamental es que la nueva evangelización se basa esencialmente en la predicación de la Palabra por parte de todos los bautizados, cada uno a su nivel de conocimiento.
El hincapié que ponemos en la transmisión de la experiencia de Dios de la persona y no sólo en la transmisión doctrinal o magisterial del depósito de la fe, tiene como consecuencia la diversificación del ministerio de la Palabra que queda enriquecida en sus formas codificadas ya existentes (la catequesis, la homilía, etc.) con la aparición de nuevas formas de predicación de la Palabra de Dios, muy eficaces a la hora de provocar la misma experiencia en los otros.
Es evidente que una evangelización de estas características incluye en el apartado de la novedad de los medios la necesidad de nuevas estructuras.
La nueva evangelización conlleva estructuras de vida y de apostolado más livianas, flexibles, sutiles, pobres y humildes que las existentes hasta ahora.
Esto no significa descalificación alguna de las estructuras “clásicas”, que por otro lado en algunos casos son estructurales en la Iglesia por derecho divino. Puede que como obra del Espíritu aporten también un sano ejercicio de crítica profética a éstas, pero su novedad no es para demoler, sino para construir, para edificar y enriquecer el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia y la diversidad de carismas que la constituyen.
Se trata sólo de un nuevo tipo de estructuras, que el Espíritu suscita en el seno de la misma Iglesia para que ésta pueda ir respondiendo a los distintos sectores de nuestra sociedad, hasta llegar a una transformación real de todos los ambientes en que se encuentran las personas.