¡Queridos hermanos y hermanas en Crito Jesús
de la Fraternidad!
Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios
"Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios, que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas, acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muerto, Jesucristo Señor nuestro, por quien recibimos la gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles…" (Rm 1,1-5)
Con esta forma de presentación, habitual en sus cartas, Pablo dice más de sí mismo que una simple profesión u ocupación pasajera: como a Jesús, el envío le constituye en modo que toda su persona, su pensamiento, sus obras, sus palabras, quedan transfigurados por el encargo de Dios. Posteriormente se dará cuenta que desde el mismo seno materno (Ga 1,15) –y no solamente desde la conversión en el camino de Damasco–, el Dios Alfarero de Misericordia le iba modelando como vasija de barro (2Co 4,7) para contener y compartir su gracia.
Por su configuración singular con Cristo, Enviado del Padre, San Pablo nos ofrece la forma y el mismo contenido de la misión: "Tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles" (Ga 1,16); nos ofrece así, la esencia del Evangelio y la forma de la salvación: el mismo Cristo Jesús y la identificación con El, realizado por San Pablo tan fidedignamente (2Co 11,1; 1Ts 1,6; Rm 8,28s).
De esta manera, dibujando perfiles del Apóstol, reflejamos a su vez la figura de Jesús, a quien San Pablo consagró su vida y de quien recibe su imagen (2Co 3,18); es este el motivo, por el que con humildad, al mismo tiempo que con decisión, se atreve a proponer su propia vida como digna de ser imitada: "sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo" (1Co 11,1).
De perseguidor a fundador de Iglesias
Según muchos estudios bíblicos hay una relación de varias ciudades antiguas con aspectos fundamentales de su vida como apóstol: Tarso en su influencia helénica y por su ciudadanía romana, Jerusalén en su judaísmo, Antioquía donde recibe la tradición cristiana primitiva, y por último, Damasco, en donde recibe la experiencia fundamental de su vocación como comprensión nueva de Dios, revelado por el Hijo en el Espíritu Santo. Algunos hitos de su vida han sido narrados con detalle en el libro de los Hechos de los Apóstoles por Lucas; otros muchos datos biográficos los podemos sacar a contraluz en las cartas de Pablo, que exhalan en cada renglón el amor del apóstol por Cristo y por la misión; por último una breve mención en la segunda carta de San Pedro (3,14-17), expresa el reconocimiento que Pablo tenía en la primitiva comunidad.
El libro de los Hechos ofrece perfiles valiosísimos sobre la llamada de Pablo y sobre su peregrinar apostólico hasta Roma, donde más tarde recibe el martirio. El Señor, en persona le constituye luz de las gentes y profeta de las naciones (13,47); convencido que por su misión transmite la vida eterna dada mediante la Palabra de Dios (13,46), predica con decisión y valentía (14,3), con prontitud (9,20), a tiempo completo (18,5). Su misión es despliegue de la gracia de Dios (14,26), dirigida en todo momento por el Espíritu que le conduce, guía, abre caminos o los cierra cuando conviene (13,4; 16,6); en todo momento tiene el nombre del Señor Jesús en su boca y en su corazón (18,9).
Como los mismos apóstoles (Hch 6,4) se dedica al ministerio de la Palabra (14,3) y funda Iglesias (15,41), designaba presbíteros e iba configurando, a su vez apóstoles y testigos que compartieran su obra (14,23). Conocía de cerca todo tipo de tribulaciones que le aguardaban allí donde iba (9,16.23; 16,16, etc.), y sin embargo, de estas mismas, encontraba motivo para confortar a sus discípulos, aun poco después de haber sido lapidado y dado por muerto (14,22).
Engendrado al Cristo Total: "Es Cristo que vive en mi" (Ga 2,20)
Pablo no improvisa su ser apóstol ni es una producción de su esfuerzo. En primer lugar reconoce la acción de la gracia de Dios ya en el seno de su madre (Ga 1,15); celoso de Dios, cumplidor de la ley, orgulloso de su linaje (Flp 3,5; 2Co 11,22), perseguidor de los que luchan contra la Ley (Hch 9,1ss), él no ha renegado de su pasado étnico y religioso (como lo confirma en Rm 9-11).
El encuentro con Cristo en Damasco ("conversión") marca el inicio fundante de su nueva vida de fe. Por tres veces narra este momento Lucas en el libro de los Hechos (cap. 9, 22 y 26). El mismo Apóstol, en sus cartas alude a este encuentro de modo diverso (1Co 15,8; Ga 1,15-16; Flp 3,12). Este momento será como una brújula que orientara su vida hasta el martirio en Roma.
La experiencia de Damasco llevan al joven Saulo de Tarso a una ruptura, o más bien, superación de su pasado: de un concepto de bien natural pasa a un concepto de bien cristiano; del Dios revelado en el AT pasa al conocimiento del Dios Padre revelado en y por Nuestro Señor Jesucristo; de un nivel personal y comunitario de vivencia de fe pasa a la fe en el Cristo Total.
La fe, para él no será en primer lugar una ética, sino una persona ("es Cristo que vive en mi", Ga 2,20), de lo cual nace una forma de vivir trasformada. No es el estilo de conversión del que pasa de una vida llena de vicios a una vida de virtud, sino cambio de lo bueno a lo mejor; pasa de un nivel formal de cumplimiento de la Ley a su pleno cumplimiento en Cristo y sin dejar de ser judío empieza a ser cristiano. Habiendo sido alcanzado primero por Cristo (Flp 3,12-14), a quien había perseguido sin conocer (1Tm 1,12-17) pasa a ser su seguidor, su testigo y fundador de Iglesias.
Desde ahora un nuevo centro vital: Cristo y el servicio a la Iglesia y la Humanidad con la que el Señor se identifica. Desde ahora, es la persona y la misión del Cristo Total lo que le mueve e impulsa (2Co 12,2; Ga 2,20; Flp 1,21). Lo que había sido bueno para él pasa a ser como estiércol (Flp 3,4-6), e inicia la gestación de una nueva criatura (2 Co 4,5-6; 5,16-18). Pablo no se avergüenza de su pasado, pero en ningún momento desea volver a lo vivido anteriormente. La experiencia de Cristo, ha marcado en él un antes y un después irreversible. Su vida será siempre una carrera hacia lo que está por delante, manifestando con humildad que no ha alcanzado la meta pero que vale la pena luchar con todo el ser por alcanzarla… habiendo sido el mismo alcanzado (Flp 3,13).
La conversión de Pablo es, en síntesis, un acontecimiento por el que en su vida ha aparecido el Tú de un Dios Personal, revelado en Cristo Jesús, y ha aparecido, además, el Nosotros del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Desde esta experiencia, su vida entera queda al servicio del Cristo Total por el anuncio del evangelio a los gentiles.
Como primera conclusión, pienso que es muy necesario refundar cada día nuestra vocación y nuestra vida desde la llamada inicial: ya sea personal como comunitariamente. Acostumbrarnos en la oración, en la predicación, en las dificultades a echar mano del relato de nuestra vocación. Hasta poder recordar aquellas palabras que son impulso suave e irresistible: "El amor de Cristo nos apremia…" (2Co 5,14). Recordar no es rememorar sino volver a traer al corazón, al centro de nuestra persona, el motivo fundante de nuestra vida de fe: hemos sido reengendrados por la palabra de Vida y el Señor nos ha llamado a consagrarnos a que otros puedan disfrutar de lo mismo. Esto es una gracia y a la vez un encargo, quizás la mayor gracia que hemos recibido en nuestra vida.
Antonio Velasco Jiménez, Presidente FMVD