¡Hola Familia!!! Queremos compartir con ustedes el enorme gozo que Dios nos ha regalado, fruto de la acampada para Señoras. No nos queda duda que Dios había soñado tanto con este momento y lo fue preparando con tanta delicadeza, lleno de detalles para las personas nuevas que Dios decidió llamar y también para las Amigas de María quienes colaboramos con este enorme sueño de Dios. Ha sido una prueba más de su confianza y de su amor el habernos permitido ir preparando la acampada, ir saboreando las charlas que a cada una nos tocaba dar y lo que mas nos enriqueció fue el ver como Dios nos regalaba situaciones que hacían que nuestras charlas tuvieran mucha vida detrás de cada palabra. (Testimonios de vida en nuestra vida). Dios nos pedía que este lema “Mi amor por ti no cambiará” (Is 54, 10), lo asimiláramos nosotras primero, que lo degustáramos y de esa forma proyectarlo tanto a las más de 60 señoras y más de 15 niños que nos confiara. “Yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy El SEÑOR” (1ª. de Reyes 20, 28) en esta promesa que nos dio muy temprano el sábado ya en la acampada, podíamos darnos cuenta de la gran confianza que nos ha tenido y que por misericordia había fijado ya su mirada en nuestras vidas; descubríamos con fascinación como la palabra del Señor iba cumpliéndose, pues al paso del sábado entre charlas y dinámicas, el amor de Dios iba entrando en aquéllas profundidades del corazón. Recuerdo cuando preparábamos la acampada “Judith, háblenles al corazón” y la acampada tuvo ese tenor, Si Señor, al corazón, al corazón de tus mujeres que es donde quieres habitar, donde tu quieres vivir. El sábado ya por la tarde noche, en la charla de Misericordia, Dios había preparado una hermosa dinámica con barro, y de fondo la canción de “Tu mi alfarero”, todas nos rendimos al amor inmenso que Dios y pudimos palpar su perdón, entregando nuestros pecados a él, quien los fundía en el barro y lograba hacer un enorme corazón. “Les quitaré el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ez 36, 26). Y el amor de Dios continuaba derramándose, fiel a su costumbre se lucia: buscaba los detalles y los signos ideales para mostrar su amor. Preparó para nosotras una hermosa noche romántica, nos regaló una fogata, canciones de amor, su mirada llena de ternura, y por encima de todo su Palabra. “El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse” (Ex 3,2-4) Mas que ideal resultaba esta cita para nuestras vidas, ya que Dios quería que fijáramos la mirada en ese fuego ardiente, pues simbolizaba su corazón mismo que arde de amor por nosotras y que pase lo que pase no se consumirá, Moisés, Moisés… así en medio del fuego se pudo percibir claramente su llamado, repitiendo dulcemente nuestro nombre, llenando nuestro corazón de su amor y encendiendo ya esa llama… desde la zarza Dios nos habló, y ya fue imposible resistirse ante este hermoso cortejo; Dios logró sacar de nuestro corazón unas simples palabras que ya harán diferente nuestra historia. Respondió él: - Aquí estoy, así fue como todas nosotras estremecidas por tanto amor, sacamos del fondo de nuestro corazón “aquí estoy”, e hicimos muy feliz a nuestro Creador pues El mismo soñaba ya con esa frase de nuestras labios. ¡Cuánto lo ansiaba! ¡Qué mañana del domingo tan diferente a todos los domingos!, pues ahora despertábamos sabiéndonos perdonadas y muy amadas; en la Eucaristía que preparó en voz del P. Vicente, Dios nos invitaba a seguirle, a no claudicar y más adelante la comunidad presentaba los medios con los que cuenta para que este llamado sea permanente en nuestras vidas. A la hora de la comida ¡otro regalo más!; Nuestros hijos nos presentaron todo lo que ellos también recibieron y como buenas mamás, las lágrimas rodaron al ver como nuestros pollitos, ya comenzaban a irse abrazando de su padre “Dios”. Al final de la acampada pudimos observar el rostro de esas mujeres que reflejaban, paz, tranquilidad y amor, mucho amor… Que razón tenias Señor al decirnos: “esto te lo regalo para que veas que yo soy El Señor” Queremos agradecer a la Fraternidad y a la Familia Verbum Dei, por todo el apoyo que recibimos para la realización de esta acampada: Los matrimonios que con gran amor, nos apoyaron en la formación de nuestro tesoro: ¡nuestros hijos!; a los jóvenes trabajadores que le pusieron ese toque de protección y de cuidado en los detalles de la acampada, a los encargados de la cocina que nos hicieron de comer cosas muy ricas y muy bastas, a Adriana que como asesora, amiga y hermana estuvo en todo momento apoyándonos con su oración, al P. Vicente por su comprensión y amor; No cabe duda que esto es una muestra de la fuerza de la comunidad y del apoyo que nos brindamos unos a otros haciendo así viva la Palabra de Dios, “Que sean uno solo” A todos ustedes que Dios les siga bendiciendo en sus vidas y que guarden en su corazón esta palabra: “Mi amor por ti no cambiará”. Gracias “Mi amor por ti no cambiará” (Is 54, 10) Crónica de la Acampada Amigas de María
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